lunes, 2 de marzo de 2009

ACACIA Y EL VIENTO de Mercedes Martín



Mercedes Martín Alfaya

(2º Premio Certamen
"Contando en Igualdad" 2008)

Había una vez una arbolita a la que le gustaba el aire, el sol, las nubes y hablar con sus amigos. La arbolita era pequeña y se llamaba Acacia.
—Cuando sea mayor, llegaré hasta el cielo con mis ramas y daré sombrita y reposo a los niños y las niñas que se acerquen a mí —contaba Acacia a las libélulas y a los pájaros, mientras la lluvia limpiaba sus hojas.
Aquel invierno, las nubes trajeron copitos blancos para alfombrar el bosque.
—Señor gorrión, señora gorriona, aquí pueden instalarse —decía nuestra arbolita mostrándole algunas de sus ramas en las que no había nieve.
Al llegar la primavera, florecieron los campos y los pajarillos habían sobrevivido al frío gracias a la generosidad de Acacia.

Un día, a la hora de la siesta, cuando los pinos se miran en el río y los sapos duermen en las charcas, Acacia habló con un árbol que dijo llamarse Robledo. El árbol saludó a la arbolita y le preguntó si quería ser su amiga.
—Claro que sí —contestó ella risueña—. ¿Cuántos años tienes?
—Once —dijo Robledo —, ¿y tú?
—Yo tengo diez, pero sé contar historias.
—Ah, qué bien —contestó el árbol. Y jugaron a mover las ramas para saludar a los aviones.
Con el tiempo, Acacia y Robledo crecieron, se hicieron novios y se casaron. Pero ocurrió que, al poco tiempo, Robledo desplegó todas sus ramas sobre ella.
—¿Qué haces, Robledo? No veo nada.
Robledo le dijo que a partir de ese momento él cuidaría de ella y la protegería de los pájaros, de la nieve y de todo lo que pudiera molestarla.
—Pero..., yo no necesito que me protejas. Si me cubres con tus ramas, no podré ver el sol, ni me llegará el aire, ni podré conversar con las nubes; me quedaré triste y dejaré de florecer… —se quejó nuestra arbolita.
Sin embargo, Robledo no le hizo caso, incluso añadió:
—Yo te soplaré cuando quieras aire y te calentaré cuando necesites sol.
Y así fue como Acacia se quedó prisionera entre las enormes ramas con las que Robledo la envolvió.
De vez en cuando, entre las hojas, se colaba un rayito de sol y ella asomaba los ojillos para saludarlo. Robledo enseguida plegaba bien las hojas y todo volvía a la oscuridad.
Y ocurrió que como Acacia no podía crecer hacia arriba, comenzó a crecer hacia abajo. Extendió sus raíces en las profundidades y buscó aguas subterráneas y terrenos blanditos por los que moverse. Allí abajo no había sol, ni nubes, ni pájaros. Sin embargo, también existían lugares preciosos que descubrir y manantiales ocultos de agua fresquita y transparente que la ayudaron a sobrevivir.
El viento, que va recorriendo el bosque para limpiar las hojas secas de los árboles, enseguida se dio cuenta de lo que ocurría.
—Oye, Robledo, ¿por qué no te apartas un poco y dejas que Acacia disfrute y crezca igual que tú? —dijo el viento.
Pero Robledo no hizo caso y siguió tapando a su mujer sin dejarla apenas respirar.
El viento, entonces, se enfadó tanto que comenzó a soplar.
Fsssssssss. Fusssssssss. Uuuuuuuussss
Y sopló…
Y sopló…
Y sopló tan fuerte que todos los árboles que no estaban bien agarrados al suelo salieron volando; entre ellos Robledo, cuyas raíces apenas tocaban la tierra.

Acacia se había quedado tan pequeña y escuchimizada, que más que una arbolita parecía un arbusto. Sin embargo, sus raíces eran tan profundas que la mantuvieron en tierra a pesar del vendaval.
De Robledo, se sabe que fue dando tumbos por los campos hasta perder todas sus ramas, y que un leñador lo descubrió junto al río y se lo llevó a casa por si necesitaba leña para el fuego.
Aquel verano, Acacia volvió a ver el sol y sus ramas lucían tan fuertes que todos los pájaros querían colocar allí sus nidos. Y así fue como el viento liberó a nuestra arbolita de Robledo, un árbol cabezota, que no comprendía que los arbolitos y las arbolitas deben crecer juntos pero respetando el espacio y las necesidades de cada uno. Ahora, Acacia se ha convertido en una arbolita preciosa, que se pasa el día contando historias a las nubes, para que las guarden en sus maletas viajeras y las lleven a otros lugares donde haya niños y niñas a las que les gusten los cuentos.
Si alguna vez escuchas rugir al viento, no te asustes, seguro que está enfadado porque algún árbol, como Robledo, se empeña en adueñarse de otro y no le deja crecer.


***

Mira aquí el vídeo de la entrega de premios:

http://www.madrid.org/cs/Satellite?alias=1142531144766&c=Page&cid=1203409218998&language=es&op2=1203409068655&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&pid=1109265463020&pv=Mujer&sc=6

José Borrego, Mercedes Martín y Daniel Blanco ganan el XI Concurso 'Contando en Igualdad'
La Consejería de Empleo y Mujer de la Comunidad de Madrid hizo público en su web el fallo del XI Concurso de Cuento Infantil 'Contando en Igualdad', que en esta edición de 2008 se convocaba bajo el título de "Emilia Pardo Bazán". Los cuentos premiados han sido los siguientes:· José Borrego Ojeda con 'Un día en las carreras' - Primer premio (7.000 euros).· Mercedes Martín Alfaya con 'Acacia y el viento' - Segundo premio (3.500 euros).· Daniel Blanco Parra con 'El Príncipe Horeb y el gran viaje' - Tercer premio (1.800 euros).El objetivo del certamen 'Contando en Igualdad' es promover la creación de una literatura para niños y niñas que contribuya a acelerar el cambio en la mentalidad social y ayudar a eliminar prejuicios y estereotipos de género, lo que permitirá consolidar valores culturales de igualdad.

Lee más sobre este premio:


13 comentarios:

Paco dijo...

Entiendo el porqué del premio. Este cuento me ha emocionado muchísimo.

Real como la vida misma

Gracias Ramón por publicarlo.

Un abrazo

tag dijo...

Muy bien, Mercedes,
defendiendo a las arbolitas tambien defiendes a todo el genero femenino de cualquier especie.

Enhorabuena.

Besos

Juan Manuel Rodríguez de Sousa dijo...

Al fin he leído el cuento, qué bien, me ha gustado mucho. Me ha recordado mucho a cuento de Cristian Andersen, no porque se parezca en el argumento ni en la morajela, pero sí en que iba de un árbol, más o menos venía a referirse a que siempre nos estamos quejando...

En definitiva, te lo mereces guapa, y más guapa sales en el video y en las fotos, jaja,

Ardilla Roja dijo...

Bien por Mercedes y la defensa de arbolitas. Aún debería soplar mas fuerte ese viento justiciero.

Un relato muy bueno.

Felicidades :)

Celia dijo...

No me extraña en absoluto el premio Mercedes. Es una maravilla.
Enhorabuena, amiga mía.
Un beso grande.

Felisa Moreno dijo...

Un cuento que emociona, el premio más que merecido. Siempre he pensado que Mercedes tiene un don especial para los cuentos de niños (además de para todo lo demás). Lo imprimiré para que lo lean mis hijos.
Un abrazo para los dos Ramón y Mercedes.

Lujo dijo...

Muchas Felicidades por ese Premio...

Me ha emocionado tanto el cuento que hasta se lo he recomendado a una amiga para que se lo lea a su hija. (Le he dado este link) ;).
Es hermoso...Mercedes tiene una energía especial.
Enhorabuena.
Miles de abrazos.

Carmen Andújar dijo...

Merecidísimo premio. Como siempre te he dicho Mercedes, tienes un encanto especial haciendo cuentos infantiles.
Felicidades Mercedes

Teresa Cameselle dijo...

Bonito cuento y muy lograda la metáfora, toda una lección de igualdad, no es de extrañar el premio.
Enhorabuena, Mercedes.

Pantera dijo...

Jo Mercedes me has dejado casi sin habla: menudo cuento! Cuanta razón tienes hay que permitir el espacio de cada uno sin él nos ahogamos y acabamos pereciendo. Uno tiene que poder protegerse a sí mismo, hay que respetar la propia individualidad, si no nunca creceremos. Un 10 a tu cuento!
Un abrazo con "espacio"

Mercedes dijo...

Muchas gracias por todos esos comentarios tan ricos que voy leyendo en este y el post anterior. No sabéis lo mucho que me reconfortan vuestras palabras, porque, en definitiva, nada tiene importancia si no se comparte con los amigos y las personas que queremos. Sois un encanto. Muchas gracias.
Profe, un beso para ti por estar tan pendiente de todo lo que nos acontece en este mundillo. Ya sabes que sin ti, nada de esto sería posible.
besos de premio a vuestra amistad.

XoseAntón dijo...

Coincido con el resto de comentarios, el cuento, aparte de bien escrito, no podía ser más apropiado. Esa metáfora de que quien no puede crecer hacia el exterior, crece interiormente, me ha parecido muy lograda. Genial, como siempre, Mercedes.

Bikiños y felicidades.

Mimí dijo...

Felicidades por el cuento.